Patente de los Miguelitos de La Roda - Miguelitos de La Roda

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Patente de los Miguelitos de La Roda

  Los Miguelitos de La Roda son el mejor embajador de un municipio que debe en gran parte su fama a estos exquisitos pasteles. Su secreto: un hojaldre finísimo y una crema excepcional. No hay paladar que se resista a sus encantos, y por ello son conocidos en toda España. Con el paso del tiempo, el popular pastel se ha convertido en motor principal de producción para diversas empresas, confiterías y pastelerías de la localidad, dando respuesta a una demanda que va en aumento.
Tal ha sido su éxito que otras empresas y firmas han intentado hacerse con la marca de Miguelitos. Lo intentó Erosmer Ibérica S.A., que llegó a conseguir la marca Miguelito de Eroski, en 2001, pero que el Ayuntamiento de La Roda consiguió se anulase, aludiendo entre otras causas al hecho de que ya en 1995 al propio Ayuntamiento le fue denegada la marca Miguelitos de La Roda, ya que la Oficina Española de Patentes y Marcas consideró genérica la denominación Miguelitos de La Roda y entendiendo que debía quedar «a la libre disposición de todos los empresarios y fabricantes de productos de panadería y pastelería de la localidad».

  Otros antecedentes señalan los intentos de registrar la marca Miguelitos y que no llegaron a buen puerto; entre ellas, la de Julián Blanco Moreno, hijo y heredero de Manuel Blanco López, creador de tan suculento dulce. También lo intentó Confitería La Moderna.
Ambos casos fueron denegados igualmente por la «acreditación de genericidad para un producto típico de La Roda».
Después, sería Ruiz Mateos quien en su lucha particular con el que fuera ministro de Economía, Miguel Boyer, cuando se le expropió Rumasa, decidió a través de su empresa Chocolates Trapa S.A. dar el nombre de Miguelito a uno de sus productos. Y una vez más el Ayuntamiento de La Roda consiguió que dicha iniciativa no fructificase y se rechazara la petición de Chocolates Trapa S.A. base a los mismos argumentos.
Asociados
  Ante este cúmulo de circunstancias, finalmente las confiterías y productores de Miguelitos decidieron constituirse en asociación, en mayo de 2000, y solicitar con el apoyo del Ayuntamiento la patente de Miguelitos de La Roda. Actualmente, esta asociación la preside Isidoro Collado, y la integran: Confitería La Moderna, Confitería Collado, Confitería Fernández, Miguelitos Ruiz, Confitería Miguelitos de La Roda, Panadería Chicano y Productos Pasteleros Gaymon. Actualmente, se sigue manteniendo la consideración de genérica la denominación Miguelitos de La Roda para así quedar a libre disposición de empresarios y productores de la localidad que elaboren este preciado pastel. Aunque sí existe el reto de crear una Denominación de Origen.
A las ya nombradas se sumó en enero de 2009 una nueva empresa, Miguelato, que da un paso más en la producción y venta de Miguelitos. Ya que, además de vender el pastel recién elaborado, va más allá: comercializarlo congelado.
Son muchas las historias y diversas versiones que giran en torno al origen del Miguelito. Según nos comentaba Mª Isabel Roque, de Confitería La Moderna, los Miguelitos que hoy en día se conocen son los que en esta pastelería se elaboran según la receta de su padre, Roque Andrés Navarro, y que varía en algo al Miguelito primigenio elaborado y creado por Manuel Blanco. La diferencia es muy sencilla: el de Manuel Blanco era más elaborado, puesto que llevaba un baño de azúcar, un glaseado con el que se untaba todo el pastel y cuyo baño almibarado había de hacerse de uno en uno; mientras que el Miguelito de Roque Andrés Navarro sustituyó el baño glaseado con un espolvoreo de azúcar glass, en definitiva, un acabado más rápido y menos trabajoso. Sería pues este Miguelito de La Moderna el que se haría famoso y el que hoy conocemos todos, algo diferente al de Manuel Blanco.
Cambios en la fórmula
  El caso es que La Moderna varió en algo la fórmula porque el tipo de hojaldre que se hacía en esta pastelería rodense no permitía el baño glaseado del que hacía Manuel Blanco, ya que se rompía. Según María Isabel Roque, su padre aprendió a trabajar muy bien el hojaldre bajo las directrices del abuelo de ésta, Tomás Andrés Núñez, fundador de La Moderna en 1925. Este finísimo hojaldre que elaboraba Roque, cuyas cualidades hoy todos conocemos, no podía bañarse en azúcar porque se rompía; de ahí que éste variase la receta en su parte final: primero horneaba el hojaldre, lo dejaba enfriar y entonces lo rellenaba de crema; pero, en vez de untarlo en almíbar, como toque final, el lustrado del pastel lo hizo a base de azúcar glass, es decir, lo espolvoreaba. Y es esta segunda versión, la de La Moderna, la que se llegaría a hacer tan popular y la que elaboraría el resto de confiteros y pasteleros de la localidad. Pero aún existe algún artesano pastelero que sigue elaborando Miguelitos fieles a la receta de Manuel Blanco, de principio a fin, y que no son otros que quienes fueron discípulos del maestro pastelero, aprendiendo junto a él los secretos de los auténticos Miguelitos; nos referimos a Juan J. Fernández e Isidoro Collado, quienes actualmente regentan sus propias confiterías. Según Isidoro Collado, quien a su vez es el presidente de la asociación que integra a los fabricantes de este pastel, entró de aprendiz a trabajar con Manuel Blanco en 1967, año en el que ya se elaboraban Miguelitos. Collado explicó que el Miguelito glaseado, como así se conoce al de Manuel Blanco, va bañado en un almíbar y lleva mucho más trabajo, puesto que el baño se hace individualmente, uno a uno.
  En Confitería Collado y Pastelería Fernández aún se elaboran los auténticos Miguelitos, fieles a la receta de Manuel Blanco, aunque no son tan conocidos como los que popularizó La Moderna, siendo pocos los que saben que el auténticono es el espolvoreado que hoy todos comercializan; sino el glaseado.
Indica Collado que otra de las diferencias del Miguelito de Manuel Collado es que además de este acabado, también su forma primigenia era distinta a la cuadrada que hoy conocemos, ya que Manuel Blanco los hacía en forma rectangular, algo que ambos pasteleros, Fernández y Collado, siguen respetando; mientras que la mayoría de los pasteleros locales los hacen cuadrados.
La elaboración del Miguelito es todo un arte. Manuel Blanco, antes de establecerse definitivamente en La Roda, marchó a Pamplona donde aprendió a trabajar el hojaldre con maestría; máxime, teniendo en cuenta, según Isidoro Collado, que Pamplona era famosa por su rico hojaldre.
Experiencia
Fue después de esta experiencia, y tras los conocimientos adquiridos en pastelería, cuando Manuel Blanco regresa a La Roda para regentar su propia confitería, a mediados de los años cincuenta; poco después, alrededor de 1960, es cuando crea el Miguelito. Collado y Fernández no sólo aprendieron a hacer los Miguelitos con su creador, sino que a la muerte de éste, ambos pasteleros llevaron la confitería de Blanco durante tres años, para después independizarse cada uno por su cuenta.
Ambos son los herederos de la maestría de Blanco, los únicos que tuvieron el privilegio de aprender y trabajar junto al creador de este rico pastel.
Actualmente, ambos siguen elaborando el auténtico Miguelito, el de Manuel Blanco, aunque también ofrecen las demás variedades: el espolvoreado con azúcar glass, el más popular; el de chocolate blanco y el de chocolate negro. Pero, según destacaba Collado, se mantiene esa clientela fiel, aunque más minoritaria, a los Miguelitos glaseados.
Más artesanal
Recordaba Collado los tiempos de antaño. Una elaboración más artesanal y manual, exenta de la ayuda de máquinas e infraestructura moderna como la de hoy en día. Por aquél entonces, los años sesenta y principios de los setenta, cualquier pedido que se saliera de lo normal suponía un esfuerzo ímprobo. Así sucedió cuando en una ocasión el que por aquél entonces era alcalde de La Roda Manuel Grande, decidió invitar a comer a todos los rodenses ausentes del municipio, en un encuentro que tuvo lugar en plenas Fiestas Patronales, y para el que fueron encargados un total de 2.800 Miguelitos, cantidad, que debieron hacer manualmente, a base de rodillo y espátula.
Y es que antes no había maquinaria que facilitase la labor. Hoy la crema se inyecta en el hojaldre, antiguamente, una vez fría la masa horneada y habiendo sido previamente bañado en almíbar, se abría por un extremo y con mucha habilidad se introducía la crema con una espátula; así, uno a uno.

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